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Feb
La fuente de Lola Mora
La Costanera Sur es un paseo que depara agradables sorpresas. Es cierto que del pasado esplendor de lo que fuera “el” balneario de la ciudad quedan sólo algunos destellos: la vieja cervecería Munich, la arboleda, el Museo de Calcos. Y un monumento que es una de las esculturas más notables de Buenos Aires: la fuente de Las Nereidas. Su autora, la tucumana Dolores Mora de la Vega, pasó a la historia como Lola Mora, la primera mujer que inauguró una obra de arte en el espacio público. Discípula en Roma de Julio Monteverde, conoció el éxito y ganó concursos internacionales. En 1901 Lola ofreció a la ciudad de Buenos Aires una fuente artística, por la que no cobraría honorarios, para mostrar los frutos de un aprendizaje que su país había financiado (ya que había viajado a Italia con una beca estatal). El intendente Adolfo Bullrich aceptó la oferta, y hasta prometió el emplazamiento de la obra en la Plaza de Mayo, tal vez convencido de que una mujer jamás sería capaz de esculpir semejante monumento, y que la fuente ofrecida nunca dejaría de ser sólo un boceto. Pero Lola trabajó tenazmente y un año después, en el vapor “Toscana”, la fuente llegó a Buenos Aires en septiembre de 1902. Y explotó el escándalo. “¿Qué pretende esta tucumana con semejante exposición de figuras tan humanas, tan sensuales, tan desnudas?”, decían los pacatos de la época. Claro, no se podía instalar en la Plaza de Mayo por su cercanía a la iglesia Catedral. Luego de mucho cabildeo y de barajar lugares de la periferia, en mayo de 1903 se la inauguró en lo que hoy es la avenida Leandro Alem, entre Sarmiento y Cangallo. Y, en 1918, fue trasladada al recién inaugurado Balneario de la Costanera Sur, donde hoy se encuentra. “La fuente –realizada en mármol de Carrara– representa el nacimiento de la diosa Venus. Dentro de una gran valva marina, tres caballos alados briosos son sujetados por tres tritones. En el centro, sobre un basamento de piedra, las dos nereidas que dan nombre a la obra sostienen otra valva, de la que surge triunfal Venus, diosa latina del amor y la belleza. Su composición piramidal y simetría le dan equilibrio, sus múltiples líneas curvas le aportan sensualidad, y el movimiento espiralado del cuerpo de las sirenas obliga al espectador a rodear la obra para apreciarla en su conjunto, buscando un frente que no tiene”. Así la describe el profesor Pablo Mariano Solá, sobrino bisnieto y biógrafo de Lola Mora. Vale la pena verla.
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