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El encanto del Tigre
La zona tomó su nombre del yaguareté, -tigre americano-, especie que la habitaba en los orígenes de su fundación. Estos bellos y primeros moradores fueron desapareciendo a medida que crecía la población. Hoy, en la Argentina, es una de las especies en extinción, y los pocos ejemplares existentes se concentran en la selva del Chaco. Actualmente, el puerto del Tigre está conformado por tres dársenas. Desde la primera, parten a diario lanchas colectivas y catamaranes en los que se puede recorrer la cuenca, disfrutando de sus pintorescas construcciones, sus riachos y la exhuberante vegetación. En la dársena central amarran distintas lanchas “tipo almácen”, que son las que cargan productos de uso doméstico de toda índole y luego parten para abastecer a los habitantes del Delta. Finalmente, en la tercera, realizan sus descargas los barcos que traen maderas de sauces y alámos provenientes de los islotes. Y en el corazón mismo del lugar se encuentra el “Puerto de Frutos”, con sus tiendas abarrotadas de tejidos rústicos, muebles de madera, mimbre y caña, adornos y accesorios varios, frascos de dulces y mieles caseras, velas, perfumes, pinturas sobre yeso y madera, productos fabricados en cuero, mates, flores secas de colores brillantes y, por supuesto, lo que le da su nombre, los frutos regionales.
A la hora en que el estómago reclama nuestra atención, la oferta gastronómica es amplia en todo sentido, con opciones que van desde exquisitas carnes asadas a la cruz hasta los platos más ecómicos. El Tigre reúne así todas las condiciones para constituírse en un lugar de visita obligada.
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